Desde la quema del convento franciscano de El Malecón, en 1931, nadie había contemplado -al menos con tanto detalle- el rostro de la Purísima que Francisco Salzillo tallara para el altar mayor del templo. Ahora, gracias a las investigaciones realizadas por el Plan Murcia que se fue, una fotografía de la época, tomada apenas un par de años antes de que el monasterio fuera pasto de las llamas, ha sido recuperada para la ciudad.

La iglesia de la Purísima tenía una sencilla portada de sillares de piedra, con una sola puerta, sobre la que se abría una hornacina, que custodiaba la talla de la Virgen en un retablo del primer renacimiento. Más arriba, había un hueco donde se volteaba la única campana del santuario. En el interior, compuesto por una nave, había ocho capillas. La primera de ellas, según se entraba a la izquierda, estaba dedicada a San Martín. En su interior se conservaron durante muchos años dos balas de cañón que fueron disparadas en 1706 por las tropas del archiduque contra la ciudad, que defendía el cardenal Belluga.


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